Canícula

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Se des­li­zan, una por una, una tras otra, una al lado de la otra, a veces por el mis­mo cen­tro espal­dar o a la izquier­da a la dere­cha o todas jun­tas, al mis­mo tiem­po. Algu­nas se ori­gi­nan en el con­jun­to de cabe­llos de la nuca, bro­tan­do una peque­ñi­ta al comen­zar su des­cen­so pero que se va inte­gran­do a otras que tuer­cen su camino for­man­do, de esa mane­ra, reco­dos, mean­dros, sinuo­si­da­des y vuel­ven al cen­tro trans­for­ma­das en obe­sas gotas, grue­sas gotas que se mul­ti­pli­can copio­sa­men­te a medi­da que des­cien­den… des­cien­den… cos­qui­llean­do la piel, como el sua­ve roce de una plu­ma des­li­zán­do­se con len­ti­tud pero con insis­ten­cia. Des­apa­re­cen, sí, en algún momen­to cuan­do encuen­tran el obs­tácu­lo de la ropa que se va mojan­do cada vez más y más.
Tam­bién la fren­te reci­be la ger­mi­na­ción húme­da, más que húme­da de pun­tos líqui­dos que caen sobre cejas, meji­llas, rue­dan has­ta el cue­llo y eli­gen el pecho para res­ba­lar e imi­tar a sus veci­nas de la espal­da. Los hom­bros cobran des­te­llos de bri­llan­ti­na que se van disol­vien­do, eva­po­ran­do si se tie­ne la suer­te de reci­bir una ráfa­ga de aire natu­ral, de aba­ni­co, pan­ta­lla o ven­ti­la­dor.
La toa­lla tra­ba­ja, sanean­do la incó­mo­da sen­sa­ción que va trans­mu­tan­do una epi­der­mis ter­sa, sua­ve en una super­fi­cie pega­jo­sa, gra­so­sa que sólo un buen baño con abun­dan­te jabón podría qui­tar. Pero… ¿qué? No hay agua, no hay sumi­nis­tro del vital ele­men­to en toda la ciu­dad. Qui­zás el aire pro­ve­nien­te de algún apa­ra­to pudie­ra secar toda la satu­ra­ción por lo menos y ali­viar el calor-fue­go. Pero… ¿saben qué? Tam­po­co hay ener­gía eléc­tri­ca.
Refu­giar­se bajo la som­bra de un árbol. Una solu­ción pero la poca bri­sa que pasa por allí pare­cen ráfa­gas de lla­mas de una foga­ta. ¡Qué sen­sa­ción ago­bian­te! ¿Seré una répli­ca de cera de algún per­so­na­je de la his­to­ria y me esta­ré derri­tien­do? Por­que exac­ta­men­te eso es lo que sien­to: que me estoy derri­tien­do len­ta e impla­ca­ble­men­te. Sé que no es así, mi racio­ci­nio me lo dic­ta pero la tem­pe­ra­tu­ra de hoy es 45º y la sen­sa­ción tér­mi­ca lle­ga a los 50º. No es el infierno, toda­vía no lo visi­té pero debe ser algo pare­ci­do por los infor­mes que tene­mos. Cami­nan­do o usan­do el trans­por­te urbano veo car­te­les que dicen “Resis­ten­cia, te quie­ro” y me ubi­co geo­grá­fi­ca­men­te.
La memo­ria no me pro­por­cio­na recuer­dos de otros vera­nos seme­jan­tes, qui­zás por­que los niños y ado­les­cen­tes no sufren las tem­pe­ra­tu­ras como los adul­tos. No vie­nen a mi cuer­po remem­bran­zas de calor tan tórri­do y tam­po­co la exis­ten­cia de ven­ti­la­do­res en nues­tra casa ni en la de algún parien­te o vecino Para tra­tar de veri­fi­car este pen­sa­mien­to retro­ce­do en el tiem­po bus­can­do imá­ge­nes y la evo­ca­ción me trae estam­pas en color sepia: mi padre, en cal­zon­ci­llos, levan­tan­do las patas de la cama con ladri­llos enci­ma­dos, ubi­cán­do­se deba­jo de esa car­pa impro­vi­sa­da den­tro del mis­mo dor­mi­to­rio, con una almoha­da como úni­co com­ple­men­to, para dor­mir la sies­ta.
Otra foto­gra­fía ama­rro­na­da de la niñez es aque­lla don­de padre, madre e hijos suben al techo de cha­pas de zinc de la vivien­da con sába­nas, almoha­das y múl­ti­ples espi­ra­les para dor­mir bajo las estre­llas y el fres­co noc­turno.
Pero la repro­duc­ción men­tal que más pla­cer me hace revi­vir es aque­lla de los días feria­dos y fines de sema­na en los que íba­mos al bal­nea­rio del Río Negro ¡qué deli­cia refres­car­nos en sus aguas! Allí los cua­tro (toda­vía no había naci­do la más peque­ña) apren­di­mos a nadar con el méto­do un poco rudo de papá pero muy efi­cien­te.
Y sí… Con­clu­yo: “Resis­ten­cia, te quie­ro” y siem­pre vuel­vo a tus calles, a la nos­tal­gia, a los recuer­dos, a la fami­lia y ami­gos que aún ten­go a tra­vés de la dis­tan­cia y del tiem­po Pero… ¡te quie­ro más en invierno!

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Nació en la ciudad de Resistencia, Provincia del Chaco. En Presidencia Roque Sáenz Peña recibió el título de Maestra Normal Nacional. Allí formó parte de la comisión que creó la primera Casa de la Cultura participando en obras de teatro de títeres Se desempeñó como docente en Presidencia Roque Sáenz Peña, Chaco; en El Soberbio, Colonia Flora, Puerto Leoni y Posadas, Misiones. Publicó: “Sentires que quieren ser poemas” en 1979 y lo reeditó en 2012 En 2002 publicó “Ángeles” en una edición artesanal. En 2010 nuevamente rebautizándolo como “Ángeles, conviviendo con el Síndrome de Rett y…” En diciembre de 2011 Editó “Ellas”. En febrero de 2013 editó “A la una… a las dos… a las tres…” en colaboración con sus amigas Elsa Fabiana Cantero y Susana Ramírez Barrios. En 2014 el segundo con el nombre de “A las dos… a las tres… a la una.” Y en 2015 el último de dicha tríada “A las tres… a la una… a las dos…” En 2013. junto a otros siete autores integró colección infantil “Taca-taca” con su cuento “Nina”. Y en 2014 con “El plan”