Desconfío

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Hay días en que me levan­to lle­nas de dudas y des­con­fío has­ta de las ver­da­des más incues­tio­na­das de nues­tra cul­tu­ra mediá­ti­ca ini­cio del siglo 21. Des­con­fío, por ejem­plo:
Del autén­ti­co sabor de los cal­di­tos,
del poder nutri­ti­vo de las pana­ceas lác­teas para los chi­cos
de que una aspi­ri­na cal­me el dolor
de que la ropa blan­ca exis­ta más allá de la pan­ta­lla de TV
de la ale­gría enva­sa­da de los pelo­te­ros
del enga­ño­so con­fort de las salas de espe­ra
de la segu­ri­dad con for­ma de alar­ma
de la pon­de­ra­da soli­dez de las rela­cio­nes huma­nas
Son días difí­ci­les, sin duda, ya que este ofi­cio de dudar y des­con­fiar hace que uno se pon­ga medio para­noi­co, sin poder apo­yar­se en nada. Pero ten­go días aún más extre­mos. Son días en que des­con­fío:
De las opi­nio­nes for­ma­das
de las posi­cio­nes toma­das
de las ideas pre esta­ble­ci­das
de los jui­cios bien fun­da­dos
de las nor­mas de con­duc­ta
(y de la con­duc­ta de las nor­mas)
Des­con­fío, en suma, de todo aque­llo que esté dema­sia­do quie­to, de lo inmu­ta­ble e inal­te­ra­ble.
Me digo: al fin y al cabo ¿qué es una idea
sino una nube que pasa por un cie­lo siem­pre celes­te?
y quién podrá decir cuál será la for­ma que ten­drá
la nube siguien­te?

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Soy mujer antes que nada, navegadora después. Navegadora de mi misma, del mar de emociones y sentimientos que me habita y que apenas llego a conocer. Sobreviví a más de un naufragio y aún así sigo desplegando mis velas, buscando esa costa en la cual habiten los seres de mi imaginación y también otros, de carne y hueso. Germiné en Córdoba, pero florecí y di frutos en Misiones, al norte de Argentina. Lugar sin mar a la vista, pero propenso a la aventura. Y todo lo que es humano me interesa