El vecino de la meseta pedregosa

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El hom­bre pateó una y otra vez el arran­que de su moto­ci­cle­ta sin nin­gún resul­ta­do. Esa maña­na la des­tar­ta­la­da máqui­na se reto­bó para don Qui­ro­ga y tras la con­sa­bi­da putea­da, deci­dió irse a pie.
Andu­vo el áspe­ro camino abier­to por él mis­mo, lle­gan­do así al pue­blo. La cami­na­ta de don Hora­cio no ter­mi­nó ahí, con­ti­nuó por la anti­gua y pol­vo­rien­ta ruta.
Una vez más, pai­sa­jes de otros tiem­pos inun­da­ron de ver­de sus ojos; colores,sonidos y aro­mas de nues­tra sel­va misio­ne­ra acom­pa­ña­ron su andar has­ta dar­se cuen­ta que había lle­ga­do a Cor­pus. Entró resuel­ta­men­te en el alma­cén de ramos gene­ra­les del pue­blo , salu­dó y se fue dere­cho al patio allá, en los fon­dos del local. Los parro­quia­nos ahí reu­ni­dos se ale­gra­ron con su lle­ga­da, tenían ase­gu­ra­da una bue­na ron­da de tra­gos que no tar­dó en lle­gar.
‑Don Qui­ro­ga, aquí, con don Basi­lio tene­mos una duda- dijo don Witold, arri­man­do una silla a la mesa del ilus­tre vecino- ¿cómo hace­mos para dis­tin­guir una víbo­ra coral ver­da­de­ra de la fal­sa?
‑A ver, espé­ren­me un momen­to- salió Qui­ro­ga hacia el salón de ven­tas, vol­vien­do ense­gui­da con un tro­zo de papel de alma­cén y un lápiz. ‑Fíjen­se: En la coral ver­da­de­ra ‑dijo mien­tras dibu­ja­ba- ade­más del color del peli­gro, van a ver dos fran­jas ama­ri­llas con una más ancha de color negro entre medio; mien­tras que la fal­sa coral mues­tra dos fran­jas negras tan­to así de anchas, sepa­ra­das por por una más fina pero de color blan­co gri­sá­ceo, que tam­bién pue­de ser ama­ri­llo y recuer­den que en esta espe­cie el blan­co o el ama­ri­llo jamás tocan al color rojo. Son las señas más visi­bles. A ésta no la maten, per­si­gue a otras ali­ma­ñas. Pero no van a creer lo que me pasó cuan­do recién lle­gué a San Igna­cio. Fui has­ta las afue­ras del pue­blo a lle­var ropa a lavar, lle­gué a la casa de la lavan­de­ra y cuan­do voy a bajar del auto, ¿qué me veo? una coral y de la ver­da­de­ra. Ahí nomás aga­rré el mache­te que siem­pre lle­vo deba­jo del asien­to y de un cer­te­ro mache­ta­zo le cor­té la cabe­za casi al medio, por lo que empe­zó a retor­cer­se en un solo espas­mo, como para morir. Y no va que una dama, que se ve no tenía mucho para hacer y había esta­do obser­van­do, va y me dice: “Pero vecino... ¿Por­qué la mata...? No lo va a mor­der, tie­ne la boca muy chi­qui­ta...” A lo que le res­pon­dí: Esti­ma­da seño­ra, ¡no estoy por espe­rar a que me ata­que para ave­ri­guar­lo!

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nació en la ciudad de Buenos Aires el 5 de octubre de 1939. Cursó sus estudios primarios en la escuela N° 28 "Juan Benjamín Terán" y secundarios en el Colegio Nacional N° 2 "Domingo Faustino Sarmiento". Ya en la tierra colorada, forma parte del equipo responsable de la instalación y puesta en aire de LT 85 TV Canal 12, de donde acaba de retirarse. En 2005 decide liberar al escritor oculto debajo de mucha bibliografía técnica e ingresa al taller literario dictado por la profesora Glaucia Sileoni. El año de 2012, luego de su primera publicación del cuento "La Otra Muerte de Borges" en el matutino Primera Edición, se suma al taller de cuentos conducido por el profesor Raúl Novau. En 2013, finalizada la actividad, es publicado en "Antología de Taller de Cuentos" En 2014 es publicado su cuento "Jeroglíficos" en "Antología de Cuentos y Relatos", edición de SADE, con motivo de la 40a. Feria Internacional del Libro. Manifiesta sentirse halagado por la publicación, y haber acompañado en ella a escritores misioneros de la talla de Olga Zamboni y Sebastián Borkoski.