La Receta Perdida

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La noche del verano tro­pi­cal entra­ba con todo su furor por la ven­ta­na de la pre­ca­ria casa en la recién fun­da­da colo­nia en el Alto Para­ná.
La bisa­bue­la Anne­lie­se mira el alma­na­que, 1939, hacía seis meses que esta­ba en estas tie­rras. Había veni­do des­de Ale­ma­nia huyen­do de los tiem­pos de gue­rra que ya esta­ban en toda su explo­sión. Al mirar el alma­na­que tomó con­cien­cia que era el 7 de diciem­bre.
‑Maña­na es San Nico­lás, comien­za el tiem­po navi­de­ño, ten­go que pre­pa­rar los dul­ces para los chi­cos – se dijo a sí mis­ma a media voz. Sus hijos son: Anne, Hans y Jochen, que ya dis­pu­sie­ron sus zapa­tos para encon­trar­los a la maña­na lle­nos de cara­me­los y galle­ti­tas. En un ins­tan­te hizo unos cara­me­los de miel sobre el fogón abier­to, mez­clan­do azú­car con miel, envol­vién­do­los en cha­la de maíz y deján­do­los en los zapa­tos.

Al acos­tar­se comen­zó a extra­ñar el tiem­po de navi­dad allá lejos, en su tie­rra natal.
‑Voy a hacer unas galle­ti­tas de navi­dad ‑pen­só, mien­tras se acos­ta­ba en el catre, en la mis­ma pie­za don­de dor­mían sus hijos y Eval­do, su mari­do. Recor­dó que no tenía la fór­mu­la, su libro, en el que había ano­ta­do con letras minu­cio­sas todas las rece­tas de su abue­la y de su mamá, esta­ba en esta vali­ja que se había per­di­do en el puer­to de Bue­nos Aires al des­em­bar­car.
Como soñan­do comen­zó a recor­dar a esta vali­ja que des­apa­re­ció del equi­pa­je den­tro esta­ba el libro de rece­tas, sus cua­der­nos de ano­ta­cio­nes dia­rias y las nove­las de Goethe, Schi­ller y algu­nos del joven autor Her­mann Hes­se que pudo com­prar ape­nas edi­ta­dos. Se pre­gun­tó dón­de habrán que­da­do.
‑Hacer galle­ti­tas para navi­dad, ¿Pero con que rece­ta? ‑no recor­da­ba nin­gu­na. -¡Ah la de miel! Esa que lle­va miel… ¿y qué ingre­dien­tes más? –refle­xio­na­ba.
Al dor­mi­tar entre el rui­do que tras­pa­sa­ba las pare­des de made­ra de la casi­lla, que ayu­da­ron a cons­truir los veci­nos, soñó que esta­ba en la casa de pie­dra y ladri­llos de sus padres. La fres­cu­ra de las pare­des con­tras­ta­ban con el calor de acá en la sel­va. Des­de la ven­ta­na pudo ver los Ála­mos y los Robles sin hojas, sumi­dos en la bru­ma gris del invierno. -¡Y acá cuán­to ver­de! –dijo en voz alta. El silen­cio de la coci­na gran­de, con su horno y estu­fa de ladri­llos rojos se con­tra­po­nía al fogón abier­to… Ahí vio a su abue­la pre­pa­ran­do las galle­ti­tas de miel…
‑Algo de Miel…
‑Hue­vos bien oscu­ros y fres­cos…

Algo de Cane­la, Cla­vo de olor y Pimien­ta… sen­tía el aro­ma de cada uno de los ingre­dien­tes.
El can­to del uru­taú sobre el vie­jo árbol la des­per­tó, sin­tió mie­do y des­pro­tec­ción por el vien­to que, entran­do des­de la ver­de y furio­sa vege­ta­ción por las ven­ta­nas sin vidrio, movía las cor­ti­nas. Vio avi­var­se el fue­go en los leños del fogón…
-¿Y dón­de hor­near las galle­ti­tas?
‑Cla­ro y esa rece­ta lle­va Coñac, lo recor­dó por­que una de las tías se lo hizo pro­bar. Con­se­guir esto es impo­si­ble acá en el Alto Para­ná.
La maña­na la encon­tró des­pier­ta, los chi­cos dis­fru­ta­ron a gri­tos sus cara­me­los de miel.
Los domin­gos de advien­to pasa­ron con el calor típi­co en esta tie­rra tan colo­ra­da. Cada noche Anne­lie­se soña­ba con la rece­ta e iba recor­dan­do algu­nos de los ingre­dien­tes.
–Lle­va Nue­ces y Fru­tas Abri­llan­ta­das.
Comen­zó por lo últi­mo, naran­jas de Ape­pú había, así que expe­ri­men­tó con azú­car y fue­go, peló unas naran­jas y puso a her­vir las cás­ca­ras con mucha azú­car, logran­do el bri­llo­so ingre­dien­te fal­tan­te.
Al ter­cer domin­go de advien­to había desis­ti­do de la idea de las galle­ti­tas. Pero su alma inquie­ta comen­zó a repa­sar: tenía la miel, com­pra­da a una ven­de­do­ra para­gua­ya, tenía las cás­ca­ras abri­llan­ta­das, hari­na había y a fal­ta de man­te­ca bue­na era la gra­sa de chan­cho. Pimien­ta Negra, hubie­ra pre­fe­ri­do la blan­ca… Has­ta que pasó por la colo­nia un gitano ven­de­dor en su carro tira­do por dos caba­llos, Nue­ces tenía y ¡has­ta Bicar­bo­na­to y pol­vo para hor­near! –Sí eso le hace fal­ta ¿Pero cuán­to? com­pró dos­cien­tos gra­mos, pre­cio de oro -¡Comer­cian­te Ladro! ‑dijo con su acen­to de ale­ma­na.
En una de esas noches calu­ro­sas y rui­do­sas de lechu­zas, vol­vió a soñar con la caí­da silen­cio­sa de la nie­ve sobre su casa pater­na. Soña­ba obser­van­do a su madre que hacía un pan dul­ce, sacan­do y ponien­do los ele­men­tos y los ingre­dien­tes de orde­na­dos cajon­ci­tos y reci­pien­tes pre­pa­ra­dos para ello. El piso, las cor­ti­nas, todo lucía tan orde­na­do.
Mien­tras ama­ne­cía des­per­tó por el humo del fogón, en su casa con piso de tie­rra, en medio de los cajo­nes y latas que ser­vían de mobi­lia­rio. Comen­zó a llo­rar, extra­ñan­do el aro­ma de sus galle­ti­tas.
-¡Hoy vie­ne la Guaira!-Dijo en voz alta su espo­so -¡Ya debe haber lle­ga­do el Guai­ra!
‑Voy al puer­to, dijo la bisa­bue­la. Cami­nó con sus tres hijos los sie­te kiló­me­tros que sepa­ra­ban la cha­cra del río Para­ná. En el puer­to esta­ban car­gan­do los sacos de yer­ba can­cha­da y cue­ros para cur­tir, a la bar­ca­za. La car­ga traí­da, el correo y el equi­pa­je de nue­vos migran­tes ya esta­ban en el gal­pón que hacía de mer­ca­do, adua­na, correo y hotel.
-¡Frau Anne­lie­se! ¡Correo para usted! un paque­te. –la lla­mó el admi­nis­tra­dor.
Reci­bir­la, sen­tar a los niños, abrir­lo y poner­se a leer fue­ron un solo acto.

Stutt­gart, den 20 Okto­ber 1939.-
Que­ri­da Anne­lie­se:
…Pien­so que debe­rás extra­ñar navi­dad, aquí es octu­bre y ya está nevan­do. Para que las dis­tan­cias se achi­quen, te envío la rece­ta de las “Honig-Plätz­chen” (galle­ti­tas de navi­dad) y algu­nos ingre­dien­tes. Espe­ro que pue­das hacer­las para tus hijos. Los extra­ña­mos mucho, no dejen de escri­bir pron­to, tu her­ma­na Gre­te.
Rezept (Mien­tras iba leyen­do, pen­sa­ba en las posi­bi­li­da­des de hacer reali­dad la rece­ta, que tan­to había soña­do).
1 y ½ Kilo­gra­mos de hari­na (-Eval­do com­pró toda una bol­sa de 20 kilos en el puer­to).
½ Kilo­gra­mo de azú­car (-Por suer­te hay en la casa toda­vía…)
½ litro de miel (-Com­pra­do a la Para­gua­ya…)
4 hue­vos (-Que suer­te que las galli­ni­tas nue­vas ya están ponien­do hue­vos).
10 gra­mos de Cla­vo de Olor (-Si, toda una bol­si­ta, ¡Que amor esta Gre­te!…).
20 gra­mos de Cane­la (-En el paque­te hay 100 gra­mos…).
12 gra­mos de Pimien­ta moli­da (-Ya com­pra­do al comer­cian­te Ladro…).
Fru­ta abri­llan­ta­da (-Ya hice con las cas­ca­ras del Ape­pú…).
Almen­dras o Nue­ces (-Tam­bién com­pra­do al comer­cian­te Ladro…).
Esa mis­ma tar­de mes­cló todo con una taza de agua tibia, le agre­gó las cua­tro cucha­ra­di­tas col­ma­das del pol­vo de hor­near y una al ras de bicar­bo­na­to.
Eval­do cor­tó una vie­ja lata de acei­te, le hizo un bor­de y una tapa que sir­vió de mol­de. Des­pués de la cena la masa fue aco­mo­da­da sobre las bra­sas del fogón. Des­de el ran­cho, de entre los arbo­les de la vir­gen sel­va, subió el pri­mer aro­ma de las galle­ti­tas de navi­dad que jamás haya habi­do en este sue­lo misio­ne­ro.

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Este cuen­to obtu­vo el Pri­mer Pre­mio en el Con­cur­so de cuen­tos de Navi­dad L.N. Alem, 2015

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Waldemar Oscar von Hof Nació el 09 de Mayo de 1958 en Montecarlo, provincia de Misiones. Tuvo una infancia feliz entre doce (12) hermanos y muchos primos que discurría entre las actividades de la chacra y las lecturas siesteras. Su escuela primaria la hizo en el Colegio de Monjas, Madre Teresa Michel de Montecarlo, que lo desafió a leer, en su escuela secundaria entre los Padres Salesianos, en el Colegio Gentilini, (San José, Misiones) aprendió a escribir. A nivel universitario obtuvo la Licenciatura en Teología, realizando luego una maestría en liturgia. Se apasionó con algunas profesiones como ser apicultor y viñatero. Sus actividades actuales transcurren entre ser pastor en la Iglesia Evangélica del Rio de la Plata, escribir y hacer cerveza como uno de sus hobbies preferidos. Editó poesías en el libro “De Letras y Tierra Roja” en el año 2015 que ha estado representando con otros escritores a la provincia en la Feria Internacional del libro en Buenos Aires. Ha participado de varios concursos literarios recibiendo menciones en la Antología de Oro y Plata de la Subsecretaría de Cultura de la provincia de Misiones 2015 y 2016. En la convocatoria “Sana Sana” 2015 y en el II concurso de Micro relatos, organizado por la Biblioteca de las Misiones, obtuvo el segundo premio. En el concurso de cuentos con identidad misioneras de la Fiesta Nacional de la Navidad en Leandro N. Alem obtuvo el primer premio con el cuento “La Receta Perdida” en el año 2015 y con el cuento “Aquellas Navidades” recibió el segundo premio en 2016. Editó “Siesta en el río de los Pájaros” una nueva dimensión de sus “Letras”, esta vez en forma de cuentos y composiciones con mucha fantasía. Recibió menciones en “Palabras que brillan”, en las ediciones 2015 y 2016. Obtuvo una mención en el Concurso de Cuentos del Rito del Mate convocado por la Sociedad Argentina de Escritores filial Misiones con el cuento “Ojos azules, negros y verdes”.