La aldea

0
169

Por Rubén Darío Motta

En una her­mo­sa y pací­fi­ca aldea, muy cer­ca de una gran ciu­dad, el lugar era de ensue­ños, don­de el cie­lo celes­te se con­fun­día con el río y el ver­de de la vege­ta­ción le daba fres­cu­ra al pai­sa­je, sólo se escu­cha­ba el tri­nar de las aves, vivía un hom­bre soli­ta­rio que tenía un gran don… El de dibu­jar her­mo­sos pai­sa­jes, retra­tos huma­nos que el ima­gi­na­ba, retra­to de ani­ma­les que pasea­ban por el mon­te, en reali­dad era una gran maes­tro en obras de arte pin­ta­das, era una per­so­na mul­ti­fa­cé­ti­ca, nun­ca estu­dió con gran­des maes­tros. Nun­ca tuvo la opor­tu­ni­dad de cono­cer a per­so­na­jes como Rem­brandt o Quin­que­la Mar­tín, y tam­po­co nun­ca se pre­gun­tó cómo fue que le sur­gió este don. Un día nada más comen­zó a dibu­jar y pin­tar. Tenía algo par­ti­cu­lar, casi mís­ti­co, pin­ta­ba sus cua­dros de gris y negro, los tra­zos eran per­fec­tos, su lápiz lo mane­ja­ba con mucha pre­ci­sión.

Un día lle­gó un cami­nan­te a su casa, y pidió un poco de agua, mien­tras fue a bus­car el agua que le pidió el cami­nan­te, éste ve los mara­vi­llo­sos dibu­jos del hom­bre, pero le lla­mó la aten­ción el uso de solo dos colo­res en ellos: el gris y el negro, sabien­do que había infi­ni­dad de colo­res para apli­car a tan bello pai­sa­je que tenía a su alre­de­dor, era una gama exten­sa de colo­res entre la vege­ta­ción, el agua, los ani­ma­les, etc…
Asom­bra­do el cami­nan­te, le pre­gun­ta a este extra­or­di­na­rio artis­ta el por­qué del uso de estos dos colo­res nada más, y el pin­tor le con­tes­tó:
“nun­ca fui más allá de estos colo­res, por­que tenía mie­do que per­die­ra la belle­za del dibu­jo”…
El cami­nan­te le con­tes­tó: “Al con­tra­rio, los colo­res les darían la belle­za, res­plan­dor y fuer­za a sus pai­sa­jes”…
Salió de su casa un poco des­ilu­sio­na­do. Mien­tras se per­día la figu­ra de la casa, entre el ver­de de la vege­ta­ción y el azul del río, las aves le ponían músi­ca a aquel paraí­so de ensue­ño y se resis­tía a ale­jar­se de ese lugar. La reali­dad a veces can­sa, se tor­na ruti­na y ese pai­sa­je le man­te­nía diná­mi­co, a tal pun­to que refle­xio­nó y dijo asi es la vida de muchas per­so­nas tie­nen gran­de dones, un gran sue­ño den­tro suyo y no se ani­man ir más lejos .Se que­dan en la ruti­na en lo mis­mo de siem­pre en lo negro y gris sabien­do que hay otros colo­res vivos, impac­tan­te, ale­gre que da vida, calor inte­rior y fres­cu­ra a la men­te .
Gen­te que no extien­de su tien­da, gen­te que no va unos kiló­me­tros más, que no bus­can más allá de su vis­ta .Están enfras­ca­dos en sus pro­ble­mas y dan vuel­ta alre­de­dor de su pro­ble­mas.
El negro y el gris repre­sen­tan la ruti­na el no mejo­rar, per­fec­cio­nar tus dones y habi­li­da­des.
El pai­sa­je repre­sen­ta el sue­ño que Dios puso en vos, bús­ca­lo y lle­na de colo­res. Dale vida, Pasión, fuer­za, no te que­des con lo que apren­dis­te andá por más.
Hay un cuen­to con una ense­ñan­za.
Dos mos­cas caye­ron en un vaso de leche, una de ella se dio por ven­ci­do inme­dia­ta­men­te dicien­do voy a morir y así suce­dió, mien­tras que la otra pen­sa­ba y decía habrá una sali­da , mien­tras bus­ca­ba la mane­ra de salir tenía sus patas en movi­mien­to veloz­men­te y fue así que tan­to fue el movi­mien­to que la leche se trans­for­mó en man­te­ca y pudo salir .
Bus­cá lo que te sir­ve en la vida, no te que­des en el fra­ca­so de tu pasa­do, en lo que te equi­vo­cas­te. Tu pasa­do cadu­có, no podés vol­ver a ello.
Hay momen­to en la vida que tie­nes que ceder para ganar otras cosas más impor­tan­tes. Hoy por hoy suce­de en todos los ámbi­tos que no que­re­mos ceder, muchas veces sin tener razón, todo esto suce­de en nues­tra vida coti­dia­na y ocu­rre muy a menu­do en la vida con­yu­gal.
Gran­de situa­cio­nes suce­den el matri­mo­nio, por no dar a veces un paso atrás para que el otro pue­da pasar.
No imi­tes moda actual. Hoy vivi­mos un tiem­po exce­si­va­men­te rápi­do, vemos pasar los días a gran velo­ci­dad, anda des­pa­cio toma las deci­sio­nes refle­xi­va­men­te nun­ca tomes deci­sio­nes en calien­te.
Deten­te a ver la natu­ra­le­za, el can­to de los Pája­ros, un atar­de­cer usa todos tus sen­ti­dos a dis­fru­tar de la crea­ción.
Cui­da el medio ambien­te, que es una mane­ra de vivir feliz y pre­ser­var la natu­ra­le­za para las gene­ra­cio­nes futu­ras.

Artículo anteriorManifiesto de los duendes
Artículo siguienteGata de tejado
Docente jubilado, trabajó en escuelas rurales en El Alcázar, Puerto Libertad. Ex director de la Escuela N° 721 de Posadas, y docente en la escuela N° 730. Trabajó en el SIPTED, Consejo General de Educación, Dirección de Enseñanza Primaria, Junta de Clasificación, Consejo Escolar y ex Miembro de la Fundación Volver a Empezar, ecologista, amante de la naturaleza. Participó en Cursos de Oratoria y de Prevención de uso indebido de drogas, en calidad de Disertante. Casado con Corina Isabel Adan