Spilimbergo

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Encabezado del relato

La leña se que­ma den­tro de la coci­na para dar valor a ese cuer­po sin aire que insis­te en aho­gar­se en óleo y vino. Pare­ce un ben­te­veo heri­do con ese chi­fli­do de asma. Un pon­cho lo abra­za mien­tras cami­na por el pas­to hela­do.

Hace tiem­po que en su casa habi­tan extra­ños que fue jun­tan­do en los cami­nos de Unqui­llo: los pája­ros, los ojos de sus cua­dros, las sie­rras que entra­ron de pre­po por las ven­ta­nas. Los ros­tros pin­ta­dos por sus manos son como espe­jos rotos lle­nos de mala suer­te, que se com­por­tan como ocu­pas impo­si­bles de des­alo­jar. La enfer­me­dad, la tris­te­za, la mise­ria, el dolor, el aban­dono, la con­mo­ción, y la injus­ti­cia se metie­ron a trai­ción den­tro suyo. Jus­to den­tro de él, un hom­bre que anda bus­can­do a quien dar cobi­jo.

Con su tra­ge­dia a cues­tas reco­rre los barrios del pue­blo. Lle­va su úni­ca mone­da de cam­bio: el arte. Men­di­ga. Men­di­ga arte por reme­dios, arte por comi­da, arte por com­pa­ñía, arte por aten­ción médi­ca, arte por vino.

Con su vida a pin­cel lle­ga has­ta el Camino de las Mer­ce­des. Bus­ca mira­das, cal­ma, ali­vio. Se detie­ne fren­te al ros­tro angu­lo­so de Mar­le­ne Die­trich. Le pide per­mi­so a su madre para eter­ni­zar a ambas con sus manos de mago. Sólo él pue­de hacer­lo con su pin­cel. Aho­ra, el barrio Las Mer­ce­des estam­bién su hogar. La coci­na de doña Poldy lo ali­men­ta con pan de leche, man­te­ca, mer­me­la­da, y vino fres­co.

Cru­za el sen­de­ro de los cirue­los has­ta la casa de la calle Fáti­ma. Allí su pier­na car­co­mi­da des­can­sa mien­tras reci­be ungüen­tos, reme­dios, y ven­da­jes. En la gale­ría sus pul­mo­nes reci­ben aire. Su gar­gan­ta vino. Es allí don­de su mira­da se va de cace­ría. Zig­za­guea entre los cipre­ses, los labe­rin­tos de su men­te, y entre los paraí­sos. Con­ver­sa con un cedro sobre­vi­vien­te a un rayo. Por delan­te le pasan los zor­za­les, las tacua­ri­tas, los car­de­na­les, los gorrio­nes, los tor­dos, y los azu­le­jos, como si qui­sie­ran posar para él. Otra vez el pin­cel hace su magia. Sus ges­tos, su mira­da, su extra­ña mane­ra de pin­tar, su men­di­gar dia­rio sobre­vi­ven en las voces que no olvi­dan que por allí pin­tó el maes­tro Spi­lim­ber­go.

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Laila Emilia Datter es una escritora argentina magíster en Investigación Educativa, licenciada en Ciencias de la Educación, y profesora de Enseñanza Preescolar. Fue autora de los libros «Las Mil y una Noches en las Letras de Borges» (2000), «Crea Luego Enseño» (2015), y «Póker» (2017), entre otros. Llegó a ser finalista del concurso CASIOPEA – MADRID durante cinco ediciones seguidas, y contribuyó en una variedad de antologías, entre las que se destaca «Corrientes Escribe 1,» que reúne obras de doce escritores correntinos. Lideró varios talleres, conferencias, cursos, jornadas, y conversatorios, como «Botiquín Literario» y «Sitio Creativo,» y es miembro del Equipo de Investigación Educativa en la Universidad Católica de Córdoba y del Centro Argentino de Investigación sobre Inmigración Libanesa, radicado en la ciudad de Rosario. Fue cofundadora de la revista «Pensar Más,» que se publicó entre 1994 y 1997, y actualmente se desempeña también como comentarista y promotora de la lectura en el programa «Vivir Plenamente,» conducido por Miriam Blanchard en Radio Sudamericana 100.5, y como voluntaria del programa nacional Abuelas y Abuelos Leecuentos.