El sótano de las golondrinas

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Recuer­dos del día en que casi me aho­go en el fue­go
bus­can­do entre las ceni­zas la razón para demo­rar la sed
enton­ces las pala­bras se vuel­ven cica­tri­ces en la gar­gan­ta
la mis­ma que arras­tra lati­dos cual furia de un ven­da­val.

Sin­tien­do en el cora­zón el ama­ne­cer de un sen­ti­mien­to de alqui­ler
Sin saber por qué los besos del per­dón se cue­lan en tu piel
des­cri­bien­do la belle­za ape­nas con un ver­so impre­de­ci­ble
siem­pre nos defi­ni­rá lo que nos que­da, per­si­guien­do a menu­do lo impo­si­ble.

Los labios resul­tan un caza­dor soli­ta­rio, de pobres recom­pen­sas
iro­nía que refle­ja como se afe­rra a la vida por auto­de­fen­sa.
Movi­mien­to per­pe­tuo al des­ga­rrar las horas pér­di­das
para poder soñar por esa pro­me­sa con­su­mi­da.

Deci­dis­te ver como nues­tros dedos se secan esta vez
enal­te­cien­do en la pues­ta de sol aque­lla tur­bi­dez.
Te suel­tas al abis­mo pro­te­gi­do por un cor­dón umbi­li­cal
qui­zás esta vez la dis­tan­cia resul­te super­fi­cial.

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Nacido en Jardín América, con vivienda en Montecarlo y estudiando en Posadas. 26 años. Geminiano. Estudiante de Letras en la Facultad de Humanidades. Autor de la plaqueta poética: Novela Anatómica Miembro del Grupo de Poetas de Miércoles, de la Ciudad de Posadas