Derrumbe

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Algo se rom­pe en mí,
va abrien­do círcu­los inau­gu­ra­les
como espe­jis­mos de ojos huér­fa­nos.
Cae de mi boca un pája­ro negro.
No, no es un pája­ro
Es una pala­bra,
vie­ne por el camino del agua­ce­ro
anun­cian­do un dolor
¿Será de san­gre, de car­ne, de pan o de barro?
Será de barro
sí,
de barro…
por­que vie­ne, oscu­ro, des­de afue­ra,
en tor­be­lli­nos espe­sos
alu­ci­nan­do un silen­cio de pája­ros.

Las ceni­zas se van corrien­do de
mis cos­ta­dos.
Me des­ar­mo, des­pa­cio, aguán­do­me
cada vez más len­to en las pupi­las
del des­co­no­ci­do.
Des­ci­fro su len­gua­je, su mutis­mo
sin tiem­po y sin ros­tro.

Se acer­ca la hora de la fie­bre,
Ani­mal en-fie­ra que moja su len­gua
en mi vien­tre.
Es un mal desig­nio lo que en mi se agrie­ta
Ten­go mie­do
has­ta
de nom­brar-me.

Mi niño se ha vuel­to mi úni­ca visión

Una mitad de este cuer­po
medio-cuer­po
ya no me habi­ta,
se va
flo­tan­do entre alas de mir­los
des­nu­da, casi hem­bra, casi bes­tia
enar­de­ci­da en tu-mor.

Este cos­ta­do soy la que que­da,
poseí­da de som­bra, man­cha­da de frio ,
la que deja ras­tros de san­gre
cuan­do cru­za el río.

Soy el sitio del derrum­be.

Dón­de va mi niño
dón­de…