Se decían buenos, pero cayeron por estafadores

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Sam Bankman-Fried llegando a la corte federal de Nueva York. (Foto: Stephanie Keith / Getty)
Sam Bankman-Fried llegando a la corte federal de Nueva York. (Foto: Stephanie Keith / Getty)

A fina­les del año pasa­do, FTX, una pla­ta­for­ma de inter­cam­bio de crip­to­mo­ne­das co-fun­da­da por el empre­sa­rio Sam Bank­man-Fried, anun­ció que esta­ba cer­ca de decla­rar­se inso­lu­ble. La noti­cia, que de ter­mi­nar mal supon­dría un impor­tan­te revés para el mer­ca­do crip­to, fue reci­bi­da por muchos como un final lógi­co a los diver­sos rumo­res que detrás de esce­nas se esta­ban espar­cien­do. Des­pués de un tiem­po, se hizo públi­co que Bank­man-Fried hacía uso inde­bi­do de los fon­dos alo­ja­dos en FTX por sus usua­rios, y esto, entre otras cosas, lle­vó a su arres­to este mis­mo año. Bank­man-Fried era un pro­mi­nen­te repre­sen­tan­te del movi­mien­to de “altruis­mo efec­ti­vo,” una espe­cie de club con­for­ma­do por per­so­nas con alto valor adqui­si­ti­vo dis­pues­tas a “donar sus ganan­cias” de una for­ma que sea “útil.” Pero aun­que pue­da sonar bien, este tipo de manio­bras no solo dis­mi­nu­ye la dig­ni­dad de las per­so­nas recep­to­ras de la ayu­da, que la reci­ben como sobras reci­be un perro, sino que tam­bién se pres­ta para ser el vehícu­lo de diver­sos movi­mien­tos y per­so­na­li­da­des cues­tio­na­bles, como la del pro­pio Bank­man-Fried. La revis­ta TIME se hizo eco de esto en un artícu­lo: según repor­tes, otras per­so­nas invo­lu­cra­das en el “altruis­mo efec­ti­vo” sabían sobre las accio­nes de Bank­man-Fried, pero se nega­ron a hacer algo.