La ESI y el respeto irrestricto

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ESI

Muchos argen­ti­nos afir­man que la ESI no con­tri­bu­yó a nin­gún cam­bio en la pre­ven­ción del emba­ra­zo ado­les­cen­te. No solo esto no es cier­to, sino que la edu­ca­ción sexual es un ele­men­to cla­ve en un esfuer­zo en con­jun­to que, con el apo­yo de otras polí­ti­cas públi­cas, logró tener un éxi­to envi­dia­ble. Pero toda­vía que­da mucho por hacer.

Con­si­de­re­mos un ejem­plo: Julie­ta es una ado­les­cen­te de 15 años. Cur­sa ter­cer año en un cole­gio secun­da­rio públi­co de Posa­das, y, como todo ado­les­cen­te, tie­ne sue­ños. Sus padres, ambos de cer­ca de 40 años, se muda­ron a la capi­tal cuan­do la abue­la mater­na de Julie­ta se enfer­mó gra­ve­men­te. 

Las idas y veni­das pro­vo­ca­das por el suce­so hicie­ron que, una vez la abue­la falle­ció, ambos deci­die­sen asen­tar­se en la ciu­dad, jun­to con su hija, apro­ve­chan­do que algu­nos fami­lia­res le habían ofre­ci­do un empleo. Aún así, des­pués de diez años, los tres, que viven en una vivien­da a las afue­ras, con­ti­núan reci­bien­do ingre­sos que no le per­mi­ten cubrir total­men­te la canas­ta bási­ca. Son una fami­lia pobre.

Una de las dis­trac­cio­nes en la vida de Julie­ta es la escue­la. Ahí va des­de que comen­zó la secun­da­ria, hace ya dos años. Es don­de tie­ne su gru­po de ami­gos, un techo sobre sí, tal vez has­ta una meta­fó­ri­ca segun­da casa, haga vien­to o haga sol. A pesar de que algu­nos de ellos no son de su agra­do, y que sus notas muchas veces no le son­ríen, tie­ne tam­bién pro­fe­so­res.

Los pro­fe­so­res son como una gri­pe cons­tan­te, un callo en el dedo o una pica­du­ra de avis­pa. Due­len, pero afian­zan el sis­te­ma inmu­ne. En el caso de Julie­ta, algu­nas veces has­ta le pro­vo­can un sen­ti­mien­to pare­ci­do al cari­ño y al agra­de­ci­mien­to, pero ella no lo sabe. No pien­sa mucho en sus sen­ti­mien­tos, o pue­de que no quie­ra reco­no­cer­lo. 

Pero los reco­no­ce en su com­pa­ñe­ro, Sebas­tián, “el Seba”, cada vez que él entra al aula. No sabría decir si eso es cari­ño o amis­tad, pero algo es. Una vez se que­da­ron char­lan­do des­pués de cla­se, por casua­li­dad, y a par­tir de allí ambos se vol­vie­ron inse­pa­ra­bles. Al prin­ci­pio, Julie­ta que­ría exten­der la vuel­ta a su casa lo más posi­ble, y enton­ces se ponía a char­lar con Dios y medio mun­do. Ama­ba a sus padres, pero no ama­ba tan­to su casa. Al final, sin embar­go, ter­mi­nó encon­trán­do­se con una situa­ción de lo más ame­na al hablar, lar­go y ten­di­do, con su nue­vo com­pa­ñe­ro espe­cial. En un momen­to ines­pe­ra­do, más ade­lan­te, se des­cu­brió pon­de­ran­do si aca­so lo ama­ba a él tam­bién.

Esa pon­de­ra­ción una vez hizo que sus pen­sa­mien­tos la con­quis­ta­ran com­ple­ta­men­te. Se podría decir que el Seba tam­bién se dejó lle­var. Ambos lo hicie­ron, y ambos se encon­tra­ron con que las cosas resul­ta­ron ser, a la lar­ga, más difí­ci­les de lo que pare­cían en un comien­zo. Era obvio. No tenían expe­rien­cia y tam­po­co nadie se lo había expli­ca­do. De bue­nas a pri­me­ras, se encon­tra­ron enfren­ta­dos a una reali­dad muy ale­ja­da de lo que habían soña­do antes, bajo el inten­so calor de los recreos.

De pron­to, todo pare­ció caer­se a peda­zos en un abrir y cerrar de ojos. ¿Qué dirán los demás aho­ra? ¿Qué le dirán sus padres a Julie­ta? ¿Cómo adap­ta­ría ella su vida y sus pro­yec­tos a todo eso, tan nue­vo, tan terro­rí­fi­co, tan ines­pe­ra­do? Los cam­bios de la puber­tad y el sexo eran cosas que sur­ca­ban por el aire en la vida de Julie­ta como pom­po­sas nubes en for­ma de sig­nos de pre­gun­ta, tan pre­sen­tes como esqui­va­dos por su con­di­ción de tabú, por la esca­sa infor­ma­ción con­fia­ble, por los rumo­res con­tra­dic­to­rios, y por la ausen­cia de espe­cia­lis­tas acce­si­bles.

Julie­ta no exis­te, es fic­ción, y su his­to­ria tam­bién. Pero exis­ten varias ado­les­cen­tes como ella, muchas que inclu­so caye­ron en la tram­pa no por des­co­no­ci­mien­to, sino por una horro­ro­sa obli­ga­ción. Otras, y otros, por un sen­ti­mien­to de cul­pa, por no tener a nadie con quien habla, por no saber dis­tin­guir, en sus pocos años de vida, entre lo que esta­ba bien y era nor­mal de lo que no.

La importancia de la Educación Sexual Integral

Se cum­plie­ron 17 años des­de que se apro­bó la Ley de Edu­ca­ción Sexual Inte­gral. Fes­te­jan­do el ani­ver­sa­rio, Misio­nes Onli­ne publi­có una entre­vis­ta que reci­bió muchos comen­ta­rios en las redes socia­les. La mayo­ría esta­ban en con­tra. “¿Cuál fue el resul­ta­do?”, pre­gun­tó iró­ni­ca­men­te un usua­rio en Ins­ta­gram. “Paya­sos”, agre­gó. “No sir­ve”, dijo otro. “17 años y no bajó la tasa de emba­ra­zos ado­les­cen­tes”, afir­mó otro más.

Para enten­der la nece­si­dad de la Edu­ca­ción Sexual Inte­gral, o ESI, es menes­ter enten­der a la ley y a su apli­ca­ción como un fac­tor entre tan­tos otros, es decir, como una pie­za en un rom­pe­ca­be­zas de pla­nes, pro­gra­mas, y pro­yec­tos pen­sa­dos con el obje­ti­vo de mejo­rar la cali­dad de vida de los niños, niñas, y ado­les­cen­tes del país. ¿Fun­cio­nó? Sí, y lo hizo de mara­vi­llas. No sólo la tasa de emba­ra­zos ado­les­cen­tes bajó, sino que lo hizo estre­pi­to­sa­men­te. 

Tam­bién hay que com­pren­der su rol en el desa­rro­llo nacio­nal a lar­go pla­zo. Las polí­ti­cas que pro­vo­can los cam­bios más gran­des sue­len ser las que están pla­nea­das para durar el mayor lap­so de tiem­po. Es impo­si­ble cam­biar pro­fun­da­men­te algo de la noche a la maña­na, a menos que haya habi­do un esfuer­zo cons­cien­te duran­te mucho tiem­po para pre­pa­rar las con­di­cio­nes que hagan posi­ble ese gran cam­bio. 

La ESI es uno de estos pasos, y tuvo éxi­to, mucho éxi­to. Si alguien está dis­con­for­me con sus resul­ta­dos, pen­sar que se la debe abo­lir es pen­sar al revés: en vez de eso, en todo caso, ten­dría que mejo­rar­se y ampliar­se en el tiem­po, con tal de sos­te­ner sus fru­tos y aumen­tar­los. Si uno com­pra una casa y se da cuen­ta que la cani­lla del baño no es la que que­ría, no la pone en ven­ta de nue­vo ni tam­po­co la des­tru­ye: cam­bia la cani­lla.

Un éxito demostrado en números

¿De qué mane­ra se tras­la­da el éxi­to de la ESI a la reali­dad? Podría­mos apun­tar a una serie de esta­dís­ti­cas para pen­sar­lo mejor y poner­lo en un plano más cer­cano. En 2023, por ejem­plo, se cum­plie­ron sie­te años de des­cen­so con­ti­nuo de la tasa de emba­ra­zos ado­les­cen­tes. En 2005, un año antes de apro­bar­se la Ley de ESI, la tasa de fecun­di­dad ado­les­cen­te era del 31,9 según datos del Minis­te­rio de Salud. Esto sig­ni­fi­ca que casi 32 ado­les­cen­tes de cada mil, den­tro del ran­go que va des­de los 10 a los 19 años, die­ron a luz. En 2021, la tasa fue del 13,7, lo que repre­sen­ta un des­cen­so de más de la mitad en un lap­so de 16 años, o un pro­me­dio de baja del 3% por año compu­tado.

Para com­pren­der estos datos es nece­sa­rio pen­sar a la ESI de la for­ma antes men­cio­na­da: como una pie­za en un rom­pe­ca­be­zas. Jun­to con la imple­men­ta­ción de la ESI, la imple­men­ta­ción de otras ini­cia­ti­vas como el Plan ENIA (Plan Nacio­nal de Pre­ven­ción del Emba­ra­zo No Inten­cio­nal), el acce­so libre y gra­tui­to de anti­con­cep­ti­vos, e inclu­so el abor­to como una opción legal y fácil­men­te acce­si­ble des­de cual­quier hos­pi­tal for­man todos una suer­te de “círcu­lo vir­tuo­so” en la salud y las posi­bi­li­da­des que tie­nen los niños, niñas, y ado­les­cen­tes de seguir ade­lan­te con su pro­yec­to de vida de una for­ma que le sir­va a ellos, no con­di­cio­na­da por fac­to­res exter­nos que podrían ale­jar­los (y lo hacen) de sus metas indi­vi­dua­les. Y el Esta­do es, por supues­to, una par­te esen­cial del pro­ce­so como una suer­te de “gran orga­ni­za­dor”.

Respeto irrestricto por el proyecto de vida ajeno

En este ciclo elec­to­ral está de moda decir que la liber­tad con­sis­te en el “res­pe­to irres­tric­to por el pro­yec­to de vida ajeno”. Esto, en su for­ma más utó­pi­ca y abs­trac­ta, es un con­cep­to que pue­de rela­cio­nar­se direc­ta­men­te con el de Jus­ti­cia Social. En la prác­ti­ca, es algo muy dife­ren­te, ¿pero podría­mos rela­cio­nar­lo con la ESI?

Más allá de lo que ten­gan que decir aque­llos que con­si­de­ran que la vali­dez de algo debe defi­nir­se sóla­men­te por su habi­li­dad de gene­rar ganan­cias o cre­ci­mien­to, o, lo que es lo mis­mo, que el pro­yec­to de vida de alguien sólo pue­de valer si es que ese valor pue­de tras­la­dar­se a una uni­dad crea­da por el pro­pio ser humano, limi­ta­da, y acu­mu­la­da de for­ma des­igual duran­te gran par­te de la his­to­ria, este “res­pe­to irres­tric­to” debe nece­sa­ria­men­te hacer caso a su defi­ni­ción más abs­trac­ta para refor­mar­se y pen­sar­se como una jus­ti­fi­ca­ción de la inter­ven­ción esta­tal en pla­nos como el del emba­ra­zo ado­les­cen­te. 

¿Cómo pue­de una per­so­na crear un pro­yec­to de vida sin las herra­mien­tas nece­sa­rias para des­ci­frar­lo de una mane­ra que se ajus­te a la reali­dad y que lo haga mate­rial­men­te posi­ble? Hace unos años, una publi­ci­dad lan­za­da por una empre­sa auto­mo­triz creó con­tro­ver­sia al refe­rir­se a la meri­to­cra­cia como un con­cep­to exis­ten­te y pal­pa­ble. 

Obvia­men­te, esto gene­ró crí­ti­cas. Y no gene­ró crí­ti­cas por­que la gen­te esté en des­acuer­do con este con­cep­to utó­pi­co y abs­trac­to de meri­to­cra­cia, en el que todos son (o pue­den ser) tan exi­to­sos como lo dic­ta su pro­pio esfuer­zo, sino más bien por­que este con­cep­to, en reali­dad, no exis­te bajo las con­di­cio­nes socia­les actua­les. Alguien que nace en el seno de una fami­lia pudien­te ten­drá muchas más posi­bi­li­da­des de tener éxi­to que alguien que nace en el seno de una pobre, que ape­nas pue­de lle­gar a fin de mes. Alguien que tie­ne como padre al due­ño de una empre­sa ten­drá más chan­ces de ser empre­sa­rio que alguien que ven­de chi­pa en las para­das de colec­ti­vos. 

La ESI, un paso hacia la verdadera meritocracia

A pesar de que estos fac­to­res pue­den no pare­cer estar direc­ta­men­te rela­cio­na­dos con la ESI y simi­la­res ini­cia­ti­vas, en reali­dad son muy cer­ca­nos. De la mis­ma for­ma que la pobla­ción nece­si­ta comen­zar su vida en un con­tex­to simi­lar y con opor­tu­ni­da­des simi­la­res para que exis­ta una ver­da­de­ra meri­to­cra­cia, los niños, niñas, y ado­les­cen­tes hijos de tra­ba­ja­do­res nece­si­tan tam­bién acce­so a la infor­ma­ción nece­sa­ria para saber qué deci­sio­nes pue­den des­ca­rri­lar sus pro­yec­tos de vida sin su con­sen­ti­mien­to. Pre­ve­nir este des­ca­rri­la­mien­to no con­sen­ti­do es par­te nece­sa­ria de este “res­pe­to irres­tric­to”, y no hay muchas mane­ras de negar­lo que no entren en pirue­tas dis­cur­si­vas. 

La ESI no es un incen­ti­vo a la acti­vi­dad sexual ni tam­po­co es un lla­ma­do a la acti­tud puri­ta­na. La ESI es un medio para un fin; es decir “podés hacer esto, pero tené en cuen­ta que esto otro pue­de pasar”. A par­tir de allí, está en uno si hacer­lo o no, y en caso de que lo haga, saber cómo hacer­lo de una for­ma en la que se maxi­mi­ce el dis­fru­te y se mini­mi­ce cual­quier resul­ta­do no con­si­de­ra­do, cual­quier des­ca­rri­la­mien­to en el pro­yec­to de vida, cual­quier des­con­si­de­ra­ción por par­te de la pobla­ción en gene­ral. 

La pornografía y las libertades ajenas

Al fin y al cabo, la ESI es un pro­yec­to soli­da­rio que tie­ne como fin garan­ti­zar el res­pe­to irres­tric­to del pro­yec­to de vida ajeno des­de una noción asen­ta­da en la Jus­ti­cia Social: tus liber­ta­des ter­mi­nan don­de empie­zan las del otro, y por lo tan­to nadie pue­de apro­ve­char­se de la igno­ran­cia aje­na ni tam­po­co sacar pro­ve­cho de su labor. La meri­to­cra­cia pue­de exis­tir, por supues­to, pero para que lo haga es nece­sa­rio hacer caso a las con­di­cio­nes mate­ria­les que hacen al mun­do y que dibu­jan las des­igual­da­des sis­té­mi­cas que aho­ra exis­ten y ate­rran a la huma­ni­dad. 

La ESI es una par­te de este camino hacia la ver­da­de­ra meri­to­cra­cia, pues garan­ti­za el acce­so a infor­ma­ción fia­ble que per­mi­ta tomar deci­sio­nes tam­bién fia­bles, de la mis­ma for­ma que lo hace cual­quier CEO o cual­quier Pre­si­den­te, inclu­so cual­quier pre­si­den­te de barrio o direc­tor de escue­la. ¿Por qué ten­dría que ser dife­ren­te para cual­quier otra per­so­na?

¿Por qué razón esta infor­ma­ción debe­ría ser obvia­da o estar rele­ga­da a inter­net, en don­de muchas veces es ter­gi­ver­sa­da por sitios web de por­no­gra­fía que, de nue­vo, se mue­ven en un mer­ca­do y tie­nen el obje­ti­vo úni­co de ampliar ganan­cias? Muchas veces se oyen casos terro­rí­fi­cos de explo­ta­ción sexual con el fin de dis­tri­buir con­te­ni­do por­no­grá­fi­co por inter­net y así gene­rar ganan­cias; muchas veces se oyen, tam­bién, casos de ado­les­cen­tes influen­cia­dos por la por­no­gra­fía que, o desa­rro­llan adic­cio­nes, o tie­nen una expec­ta­ti­va muy irreal de lo que es la acti­vi­dad sexual, lo que a su vez pue­de lle­gar, en un extre­mo, a gene­rar una baja auto­es­ti­ma, y en el otro, a crear com­por­ta­mien­tos anti­so­cia­les que vio­lan el pro­yec­to de vida ajeno de mane­ras muy oscu­ras.

La libertad de elegir

Sin un aná­li­sis cer­te­ro del mun­do y del ori­gen de la pobre­za y la des­igual­dad, es impo­si­ble crear un mun­do ver­da­de­ra­men­te libre. No tie­ne sen­ti­do dan­zar alre­de­dor de lo real, por­que tar­de o tem­prano lo real va a pasar fac­tu­ra. La ESI es un comien­zo de este aná­li­sis, y un comien­zo bas­tan­te fuer­te, pero por más fuer­te que sea sola­men­te es una pie­za, y hay que com­ple­tar el rom­pe­ca­be­zas y ajus­tar­lo a la reali­dad mate­rial, para que per­so­nas como Julie­ta y el Seba pue­dan estar infor­ma­das, y para que su pre­sen­cia mutua sea, otra vez, sufi­cien­te. 

Si la ESI no es un paso hacia la liber­tad, enton­ces lo que muchos lla­man “liber­tad” no es tal. Liber­tad es saber ele­gir y tener la infor­ma­ción nece­sa­ria para hacer­lo de acuer­do al jui­cio per­so­nal. Liber­tad es ser inde­pen­dien­te pero tam­bién poder pedir ayu­da en casos de nece­si­dad. 

La ver­da­de­ra liber­tad es, en esen­cia, la ver­da­de­ra soli­da­ri­dad. De otra for­ma, la liber­tad se vuel­ve una com­pe­ten­cia para ver quién pue­de con­quis­tar más terri­to­rio, ¿y adón­de que­da el res­pe­to irres­tric­to en esa situa­ción? Que­da per­di­do en un cemen­te­rio de dis­cur­sos bara­tos. La ESI, y todo lo que logró cam­biar, no es un dis­cur­so bara­to. Es una reali­dad inta­cha­ble, y sus logros tam­bién.