Cien años de iniquidad

0
155

Iniqui­dad = injus­ti­cia o gran mal­dad en el modo de obrar (RAE)

Naci­do en la Bavie­ra pru­sia­na un 27 de mayo de 1923, Henry Kis­sin­ger murió el 29 de noviem­bre últi­mo, com­ple­tan­do 100 años de vida sig­na­da por las intri­gas, doble­ces, hipo­cre­sía diplo­má­ti­ca y cica­te­rías que tuvie­ron su máxi­ma expre­sión en las déca­das de los ’70 y ’80 del siglo pasa­do cuan­do ejer­ció como Secre­ta­rio de Esta­do duran­te los gobier­nos de Richard Nixon y Gerald Ford, lo que supo­ne todo el mane­jo de las rela­cio­nes exte­rio­res de los omnis­cien­tes EEUU, en una fun­ción que com­bi­na las can­ci­lle­rías de otros paí­ses con las fun­cio­nes de defen­sa exte­rior.

Vis­to des­de el sur del Río Bra­vo (fron­te­ra de los EEUU con Méxi­co) el cen­te­na­rio fun­cio­na­rio pue­de ser juz­ga­do como un per­fec­to cana­lla de la polí­ti­ca inter­na­cio­nal. Cómo­da­men­te podría usur­par un capí­tu­lo de la His­to­ria Uni­ver­sal de la Infa­mia de nues­tro J.L. Bor­ges. El poe­ta Alber­to Boco lo defi­ne como “uno de los per­so­na­jes más sinies­tros de la segun­da mitad del siglo XX”. Kis­sin­ger per­te­ne­ció a esa cla­se de gen­te para quien la pala­bra “escrú­pu­los” es un chis­te; ope­ran sin con­cien­cia moral y exce­si­va indul­gen­cia hacia sus tram­pas. De con­se­je­ro de Segu­ri­dad Nacio­nal del gobierno de Nixon pasó a desem­pe­ñar, en 1969, la emble­má­ti­ca Secre­ta­ría de Esta­do de EEUU auto­per­ci­bi­do como “Comi­sa­rio del Pla­ne­ta” entre los paí­ses del Pri­mer Mun­do. Inten­tó mediar en la Gue­rra de Viet­nam con­si­guien­do un bre­ve alto al fue­go, lo que le valió el Pre­mio Nobel de la Paz en 1973, tan deva­lua­do cuan­do galar­do­nan a fun­cio­na­rios que, tras cono­cer­se los desem­pe­ños de Kis­sin­ger revi­san­do su pron­tua­rio años des­pués, hizo que el Comi­té Nobel exi­gie­ra la devo­lu­ción del Pre­mio. Pero el vul­pino señor Kis­sin­ger se negó: ni la meda­lla ni las coro­nas sue­cas vol­vie­ron a Esto­col­mo. La cica­te­ría pudo más y este inci­den­te pasó a la his­to­ria como una mues­tra más de la mez­quin­dad y sober­bia del Secre­ta­rio de Esta­do. En fun­cio­nes fue el artí­fi­ce de la sinies­tra Ope­ra­ción Cón­dor que sos­tu­vo las dic­ta­du­ras mili­ta­res de Stroess­ner y pro­mo­vió el gol­pe de Esta­do mili­tar de Pino­chet en Chi­le, en 1973 y el de la Jun­ta Mili­tar en Argen­ti­na de 1976. Al decli­nar los ’80 Mr Kis­sin­ger se ale­jó de la fun­ción públi­ca para fun­dar la empre­sa Kis­sin­ger & McLarty Asso­cia­tes que, por supues­to, no es nin­gu­na socie­dad de bene­fi­cen­cia sino usi­na de “con­sul­to­rías” para ase­so­rar a empre­sas mul­ti­na­cio­na­les en sus aven­tu­ras extran­je­ras fue­ra de los EEUU. Con todos los datos reco­gi­dos por ambos (McLarty fue “Envia­do para las Amé­ri­cas” del gobierno de Bill Clin­ton) “con­sul­to­res empre­sa­ria­les” se dedi­ca­ron des­de el ámbi­to pri­va­do a ofre­cer “ase­so­rías estra­té­gi­cas” a las mul­ti­na­cio­na­les, lo que en otros tér­mi­nos lla­ma­mos “lobby” tal como espe­ci­fi­ca el dia­rio La Nación del 8 de octu­bre de 1999 para las mul­ti­na­cio­na­les que ope­ran en Amé­ri­ca Lati­na. Con­sul­ta­da la fir­ma Kis­sin­ger & McLarty por La Nación acer­ca de cuá­les son las empre­sas que “ase­so­ran”, res­pon­die­ron que esos datos se man­tie­nen “en estric­ta reser­va”, como en todo nego­cio sucio: esa es la liber­tad del neo­li­be­ra­lis­mo.

En sep­tiem­bre de 2001 el inefa­ble Geor­ge Bush (h) inclu­yó a Kis­sin­ger como cabe­za del Comi­té de Cri­sis tras el ata­que a las Torres Geme­las. Un perio­dis­ta bri­tá­ni­co (Chris­topher Hit­chens) publi­có el libro “Jui­cio a Kis­sin­ger” don­de deta­lla un sin­fín de manio­bras, acuer­dos, pac­tos ocul­tos, enga­ños y esta­fas inter­na­cio­na­les que el vene­ra­ble señor Kis­sin­ger acu­mu­ló pacien­te­men­te a los lar­go y ancho de su vida públi­ca. El escri­tor nor­te­ame­ri­cano Gore Vidal decla­ró que Kis­sin­ger era el “mayor cri­mi­nal de gue­rra que anda suel­to por el mun­do”.

Si uno se ubi­ca (como tan­to cipa­ya­je en Argen­ti­na que se auto­per­ci­be yan­kee aspi­ra­cio­nal) miran­do hacia el nor­te del Río Bra­vo, pro­ba­ble­men­te rin­da home­na­je al fina­do Kis­sin­ger como un per­fec­to aval a la polí­ti­ca exte­rior de su patria. Pero vis­to des­de el Río Bra­vo para el sur el señor Kis­sin­ger es la figu­ra más repu­dia­ble que se pudie­ra recor­dar en el siglo XX en el ámbi­to de la polí­ti­ca inter­na­cio­nal.

Y noso­tros vivi­mos al sur. Con­vie­ne no equi­vo­car­se de mapa y de his­to­ria. Los erro­res de espa­cio y de tiem­po dis­tor­sio­na toda la per­cep­ción de la reali­dad, como ya nos avi­sa­ra el fina­do Kant.