La esperanza no puede ser quitada en tiempos tan difíciles

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El men­sa­je de Año Nue­vo del pre­si­den­te Milei hizo todo lo que un men­sa­je de Año Nue­vo no ten­dría que hacer. Para el año entran­te, pro­nos­ti­có cala­mi­da­des, y a la gen­te le dijo que la úni­ca sali­da es la apro­ba­ción de una Ley Ómni­bus que trae con­si­go el fin de la sobe­ra­nía nacio­nal.

Lejos de pro­yec­tar espe­ran­za y sere­ni­dad, el men­sa­je del pre­si­den­te pro­yec­tó divi­sión y ansie­dad, insis­tien­do con la sepa­ra­ción entre los “argen­ti­nos de bien” y aque­llos que se ven cla­ras víc­ti­mas de las nue­vas polí­ti­cas. Milei le habló a su círcu­lo, no a los argen­ti­nos.

Tales aten­ta­dos con­tra la salud men­tal de los argen­ti­nos y argen­ti­nas no cons­ti­tu­yen “hones­ti­dad,” sino sim­ple cinis­mo egó­la­tra. Por más devas­ta­do que esté el país y difí­cil sea la situa­ción eco­nó­mi­ca, la espe­ran­za nun­ca tie­ne que dejar­se de lado al momen­to de gober­nar.