Pequeñas perversiones

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¿Te doy un mano? me pre­gun­tó ino­cen­te. Mejor las dos, pen­sé con gula. En esca­be­che, gui­sa­das con ver­du­ras o coci­das en finas hier­bas, una mano (mejor dos) resul­tan un boca­do exqui­si­to. No toda la mano, cla­ro. Con­vie­ne tro­zar y sepa­rar el dedo pul­gar con su base car­no­sa. El res­to –que sue­le tener más fibra que car­ne- pue­de reser­var­se para un cal­do o sopa que siem­pre resul­tan así más sabro­sos.
Aun­que hay excep­cio­nes, cla­ro. Algu­nos obe­sos cuya gor­du­ra se ase­me­ja a la tex­tu­ra de una espon­ja sue­len tener unas manos mulli­das y car­no­sas. Apro­ve­cha­bles y deli­cio­sas, sin des­per­di­cio. Todo un ban­que­te.
Por supues­to, es un pla­to un tan­to difí­cil de pre­pa­rar por­que manos, aun­que no lo crea, no es lo que más abun­dan.
Pero la vida a veces es gene­ro­sa y nos rega­la una sor­pre­sa como la de este cán­di­do ofre­ci­mien­to que me resuel­ve el pro­ble­ma de deci­dir qué voy a cenar.

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Nació en Buenos Aires. Porteña de origen pero misionera por elección hace ya más de treinta años, se ha dedicado a la docencia tanto en escuela secundarias como en institutos terciarios. Profesora y Licenciada en Letras, vivió en Puerto Rico, en Eldorado y actualmente reside en Iguazú. Trabaja en esta ciudad, en Eldorado y también junto al Proyecto MATE en la comunidad Yyryapú. En sus ratos libres escribe cuentos y poesía. Si bien nunca publicó un libro, algunos de sus textos forman parte de la antología de Daniel Stefani y otros fueron publicados en el diario El Territorio. Mientras tanto sus manuscritos esperan en cajones y carpetas.