No direction home

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How does it feel?
How does it feel to be without a home
Like a com­ple­te unk­nown
Like a rolling sto­ne.
Bob Dylan: “Like a Rolling Sto­ne”


No hay vuel­ta atrás, la muer­te nos pone ante lo que qui­zás sea la úni­ca cer­te­za que pode­mos aún dar por cier­ta. Ya no hay, ya no está, ya no vol­ve­rá. Ni su voz, ni su son­ri­sa, ni su ansio­sa espe­ra. Aun­que pen­sán­do­lo bien, la muer­te bien podría ser la metá­fo­ra defi­ni­ti­va de los días vivi­dos. Quie­ro decir: no hay vuel­ta, no hay repe­ti­ción, lo vivi­do ya murió. No hay hogar al que vol­ver, ni siquie­ra direc­ción (ni calle, núme­ro de casa, lugar a don­de ir o sen­ti­do que bus­car). No hay amor al cual retor­nar, ni siquie­ra esa risa que pare­cía eter­na, ni aquel orgas­mo infi­ni­to que pre­fi­gu­ró nues­tro nir­va­na par­ti­cu­lar, ni aque­llas mira­das de bre­ves y fuga­ces bri­llos que pare­cían refle­jar­se mutua­men­te. Algu­na vez dije – con­ven­ci­do, ardien­te, ilu­sio­na­do -: “¡Este es mi hogar, esta es mi casa, esta es mi gua­ri­da!” Y mien­tras lo decía me iba des­ha­cien­do en el exi­lio. Uno mis­mo ya no es aquel que era y la son­ri­sa es casi mue­ca o es son­ri­sa que se pier­de en ecos leja­nos. Pre­fie­ro pen­sar­me así, a la intem­pe­rie, a la deri­va. Rodan­do entre la angus­tia vital, el ham­bre de amar y anhe­lan­do un hori­zon­te que siem­pre está más allá. Pre­fie­ro la lucha antes que la como­di­dad, pre­fie­ro el frag­men­to antes que una for­za­da tota­li­dad, pre­fie­ro morir a vivir por vivir. Per­di­das las hue­llas, del pasa­do que­dan las fotos fijan­do los reta­zos de memo­ria en un papel o en una pan­ta­lla. Ya lo sé, ya lo sabe­mos, lo dijo Bru­ce y lo dijo Andrés, “naci­mos para correr”.

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Licenciado en Antropología Social recibido en la Universidad Nacional de Misiones. Pertenezco, por causas y azares, a la fauna radial. Animal de radio como conductor y oyente. Suelo transitar en imágenes y escrituras los enrevesados – y a veces contradictorios - caminos de la música, la literatura y el arte popular. No dejo de pensar – a la manera Neil Young - en que es mejor quemarse, que apagarse y que siempre hay más en la imagen de lo que se ve a simple vista. Estoy convencido que el arte es inefable, moviliza y transforma.