Estímulo

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Lle­gas­te sin lle­gar
a la quie­tud dor­mi­da.
Al des­per­tar encuen­tro
los con­tar­nos de tus labios
Sal­pi­ca­dos de enso­ña­ción
gotas de suti­les roces.

Mis pechos rocío
de cane­la
en tu boca
al reco­rrer mis cur­vas,
hume­de­ci­das de secre­tos.

Deja­me soñar­te
Solo eso sos
Y sos todo al uní­sono.