Joven escritora de Iguazú presentó la novela “Recuerdos de invierno”

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Belén Nar­gang, puso a con­si­de­ra­ción su pri­mer libro, “Recuer­dos de invierno”, este domin­go 11 de octu­bre en un cono­ci­do shop­ping cén­tri­co de Puer­to Igua­zú. Nar­gang, de 22 años, expli­có que “es una nove­la de fic­ción, don­de la pro­ta­go­nis­ta es un espí­ri­tu, se tra­ta de una chi­ca que no pudo lograr todo aque­llo que qui­so en vida, ade­más de haber­se muer­to rodea­da de men­ti­ras”.

Nar­gang, naci­da en Puer­to Igua­zú, pre­sen­ta en la his­to­ria una temá­ti­ca poco abor­da­da por los escri­to­res misio­ne­ros: “Me lla­mo Gua­da­lu­pe y ten­go 22 años, estoy des­pren­di­da de mi cuer­po hace varios meses, y me hice de un ami­go nue­vo, Liam. Vaga­mos por la ciu­dad de Bari­lo­che bus­can­do algo que por lo menos nos haga ver otra mane­ra de ser feli­ces, con­for­mes, des­can­sa­dos. Muchos nos olvi­da­ron, muchos no. Me encon­tré con Pi hace poco, una vie­ji­ta bas­tan­te risue­ña y sabia. Me dijo que pue­de cos­tar­me lle­gar a mi come­ti­do, pero si sé hacer lo que ella me dice, me podré ir tran­qui­la de mi des­tino ambu­lan­te. Pen­sé que sería fácil, pero no. Ya no duer­mo, ni me ali­men­to. Sim­ple­men­te vue­lo y obser­vo, me apeno y me divier­to, es lo úni­co que los espí­ri­tus pue­den hacer, ¿o no?”, con estas pala­bras la auto­ra intro­du­ce al lec­tor a su nove­la, de más de 200 pági­nas, cuyos pri­me­ros capí­tu­los se encuen­tran en su blog per­so­nal: https://belennargang.wordpress.com.

La pre­sen­ta­ción del libro con­tó con la pre­sen­cia del pre­si­den­te de la Socie­dad Argen­ti­na de Escri­to­res filial Misio­nes, Ani­bal Sil­ve­ro, ade­más de jóve­nes inte­gran­tes de un nue­vo gru­po lite­ra­rio eldo­ra­den­se, escri­to­res de Puer­to Igua­zú, y parien­tes y ami­gos de la joven nove­lis­ta.

Belén Nar­gang, por ella mis­ma

Nací en Puer­to Igua­zú, el día 13 de Enero de 1993. Mi madre Isa­bel, me ense­ñó a leer cuan­do tenía 4 años de edad. Ya a los 5, era una cuen­ta­cuen­tos de la sala ini­cial. Siem­pre tuve una cabe­za muy ima­gi­na­ti­va a cier­tos temas que me intere­sa­ban. Como las cró­ni­cas poli­cia­les, los melo­dra­mas o las come­dias román­ti­cas. Escri­bía muchas cosas cuan­do era más peque­ña, mas cuen­tos que poe­sía, que siem­pre estos pri­me­ros resul­ta­ban exten­sos. Nun­ca pude ter­mi­na una his­to­ria, en reali­dad nun­ca pude, siem­pre qui­se saber cómo siguen los per­so­na­jes, si ter­mi­nan feli­ces o tris­tes, si viven o mue­ren. Ten­go una hija, Gia­ne­lla de 4 años, la que usual­men­te nació con el hemis­fe­rio artís­ti­co, no del todo desa­rro­lla­do. Digo no del todo por­que llo­ra todas las veces que tie­ne que aga­rrar un lápiz y poner­se a escri­bir. Pero ado­ra aga­rrar el lápiz, para rayar pare­des, rayar­se el ros­tro o pin­tar las cosas que pue­de, ade­más de usar­lo tam­bién como micró­fono. Espe­re­mos que sea artis­ta, de algún tipo, pero que lo sea. La mayo­ría de mis tex­tos hablan sobre la muer­te, no es por­que soy faná­ti­ca de ello. Sino por­que la pala­bra en sí, es algo a la que la gen­te debe­rá afron­tar en algún momen­to de la vida. Mi pri­me­ra nove­la, Recuer­dos de Invierno, tra­ta sobre el alma de una chi­ca, que no pudo lograr todo aque­llo que qui­so en vida, ade­más de haber­se muer­to rodea­da de men­ti­ras. Y el cuen­to de Las niñas del cam­po, es un cuen­to, basa­do en una pesa­di­lla. Es algo bas­tan­te iló­gi­co que escri­ba sobre seres tene­bro­sos, muer­te o eso­té­ri­ca, por­que cabe acla­rar que soy una per­so­na muy enemi­ga de las pelí­cu­las de terror. Me gus­ta basar­me más en lo que mi men­te se ima­gi­na, antes que lle­gar a ver cier­tas cosas que real­men­te me caen mal, como explí­ci­ta­men­te lo mues­tra una pelí­cu­la de terror. Espe­ro cre­cer en este ámbi­to artís­ti­co, que es la escri­tu­ra. Me ha ayu­da­do a sacar­me el estrés, a inven­tar nue­vas his­to­rias en las que me sien­to par­ti­ci­pe, en las que me sien­to con ganas de sopa­pear a alguien o sola­men­te espe­rar que tomen for­ma pro­pia y abra­zar­los has­ta que los des­cuar­ti­ce.